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Ciudadanía  >  La salud de la A a la Z  >  A - Z  >  T  >  Tos ferina

La salud de la A a la Z

 

Descripción

Es una enfermedad respiratoria, infecciosa y contagiosa aguda producida por la bacteria Bordetella pertussis y caracterizada por una crisis de tos convulsiva que, a veces, se prolonga durante semanas o meses.

Su contagio es muy elevado y se transmite a través de las pequeñas gotas proyectadas por la boca y la nariz en el momento de la tos.

Es una enfermedad propia de la infancia. La edad más frecuente de aparición es entre los dos y los cinco años, aunque también puede afectar a los lactantes y los bebés. En los adultos es menos frecuente y muchas veces paso desapercibido, ya que su curso suele ser asintomático.

Quien la sufre, al tratar de inhalar produce un ruido ferino; por eso recibe el nombre de tos ferina. Este tipo de tos puede dejar secuelas como la neumonía, convulsiones, inflamación del cerebro (encefalopatía) y, en algún caso, la muerte. La gravedad de la tos ferina aumenta en menores de seis meses.

En los últimos años la tos ferina se está comportando como una enfermedad re-emergente en numerosos países de nuestro ámbito socioeconómico. Por este motivo se han propuesto diferentes estrategias de intervención con el objetivo de disminuir la incidencia de la enfermedad y de manera especial en el grupo de población que resulta más vulnerable, los niños durante el primer año de vida, y especialmente durante los primeros meses, cuando aún no han desarrollado la inmunidad inducida por la vacunación.

Transmisión

La bacteria de la tos ferina invade las vías altas del sistema respiratorio. El contagio se puede producir muy fácilmente con la saliva y la flema de una persona con tos ferina o bien por medio de objetos contaminados.

Síntomas

Los síntomas iniciales, similares a los del resfriado común, en general se presentan aproximadamente una semana después de la exposición a la bacteria. Los episodios graves de tos empiezan alrededor de diez o doce días más tarde. En los niños, a menudo se acentúa el ruido anormal característico de esta tos. Es más extraño que este estertor se dé en adultos o menores de seis meses.

Los episodios de tos pueden conllevar vómito o una breve pérdida del conocimiento. Siempre se tiene que pensar en la posibilidad de tos ferina cuándo se presenta vómito al toser. Y, en el caso de los bebés, la tos ferina puede provocar asfixia. La tos muchas veces se presenta en forma de accesos y dificultades para hacer inspiraciones.

Otros síntomas que pueden aparecer con la tos ferina:

  • rinorrea: secreción exagerada de mucosidad nasal
  • fiebre: 39º de temperatura
  • diarrea

Diagnóstico

La tos ferina es difícil de diagnosticar porque los síntomas iniciales no son muy diferentes de los de un resfriado (da mucosidad y tos) y porque suelen aparecer entre los dos y los quince días después de haber sido expuesto a la bacteria. Progresivamente, los accesos de tos se convierten en más violentos y prolongados. Algunos niños, al toser pueden llegar a vomitar o sacar pus. En los casos más graves, también pueden desarrollar infecciones respiratorias que les dificultan la respiración.

El diagnóstico inicial generalmente se basa en los síntomas. Pero cuando éstos no son tan obvios, la tos ferina puede ser difícil de diagnosticar. En bebés muy pequeños, en cambio, los síntomas pueden ser causados por neumonía.

Para estar seguro, el médico o la médica puede tomar una muestra de la mucosidad de las secreciones de la nasofaringe y enviarla al laboratorio, donde se confirmará la presencia de la bacteria de la tos ferina. Aunque este análisis puede ofrecer un diagnóstico preciso, el examen, algunas veces, y el tratamiento, a menudo, se inician antes de tener los resultados.

Tratamiento

Los antibióticos pueden hacer desaparecer los síntomas más rápidamente si se inician bien temprano. No obstante, la administración de antibióticos una vez ya no son muy efectivos puede reducir la capacidad de la persona enferma para contagiar la enfermedad a las otras personas.

Los jarabes para la tos, los expectorantes y los antitusígenos en general no sirven y conviene no utilizarlos.

Los bebés menores de dieciocho meses requieren supervisión, ya que su respiración se puede detener temporalmente durante los ataques de tos. En los casos graves, conviene llevarlos al hospital, donde se les puede garantizar el oxígeno y líquidos para no deshidratarse, así como sedantes que pueden reducir los ataques de tos.

Prevención

Hay una vacuna contra la tos ferina que puede ser aplicada en combinación con la de la difteria y el tétanos. Se administra en tres dosis a los dos, cuatro y seis meses, un refuerzo a los dieciocho meses y una quinta dosis de los cuatro a los seis años. Esta vacuna no se debe administrar a lactantes o niños que presenten enfermedades neurológicas evolutivas.

Unas horas después de la inyección puede aparecer una reacción febril breve, acompañada de ligeras molestias dolorosas locales y de tumefacción (inflamación, enrojecimiento y calor en la zona de la inyección), seguidas a veces de la formación de un nódulo que desaparece con el tiempo.

Desde el 2014 la Agencia de Salud Pública también recomienda la vacunación a las embarazadas a partir de la 27 semana de gestación (preferiblemente entre semana 27 y 36) y al personal sanitario en contacto con niños y embarazadas.

La tos ferina es una enfermedad de declaración obligatoria individualizada. Por lo tanto, cuando los profesionales sanitarios sospechen la existencia de la enfermedad lo tienen que declarar a la unidad de vigilancia epidemiológica correspondiente.

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Fecha de actualización: 21.02.2014